24 octubre 2012

Muere Walter Bonatti




















































10 mayo 2012

DE NUEVO, EL ANAYET...



En estos tiempos de sequía inversora, tan acusada o más que la meteorológica con sus secuelas
en la hidrología, la agricultura y las nieves de nuestras montañas, sorprende que algunos gestores
públicos y privados aún fíen el futuro del Pirineo no sólo a la quimera del ladrillo, con proyectos
muy agresivos con el medio natural de montaña, sino también a un estado de buena esperanza
producido por la fe inquebrantable en que la nieve volverá, no importa cuando. Sin embargo, la
austeridad impuesta a una sociedad empobrecida por la codicia de unos y la ceguera de otros,
debiera hacernos desechar aquellos proyectos que siendo inaceptables ambientalmente han de
resultar asimismo económicamente ruinosos, evitando destinar recursos públicos a la obtención
de resultados siempre dudosos y en todo caso discutibles. Por el contrario es necesario plantear
proyectos susceptibles de generar un desarrollo sostenible de nuestros territorios de montaña,
aprovechando sus recursos endógenos con un coste económico razonable y unas repercusiones
asumibles en el medio ambiente, mediante la explotación racional de sus recursos naturales, entre
ellos su extraordinario paisaje y su excepcional biodiversidad.


Uno de estos proyectos que divaga en los meandros de la tramitación administrativa es el Parque
Natural del Anayet, tantas veces solicitado como desatendido por la incoherencia y la desidia de
los administradores de la conservación de la naturaleza en Aragón. La protección de este espacio
natural fue reclamada por montañeros, ecologistas, conservacionistas y otros colectivos ciudadanos
que en septiembre de 1999 suscribieron el “Manifiesto del Anayet”, punto álgido de una campaña
de defensa de la Canal de Izas, uno de los valles del futuro parque amenazado por un proyecto
de estación de esquí que finalmente no salió adelante. Bastaron entonces quince días para que el
Consejero de Medio Ambiente anunciara la próxima elaboración de una Ley de Protección del
Pirineo, ley que no pudo resolver el problema porque nunca llegó a aprobarse.
El siguiente año 2000 deparaba una cruel sorpresa: en mayo de ese año el Gobierno de Aragón
elabora un listado de “lugares de interés comunitario” para incluir en la Red Europea Natura 2000,
en el que figuraba un espacio formado por los valles de Canal Roya, Canal de Izas y Turbera del
Anayet; en noviembre, sin ningún tipo de explicación, había desaparecido de la lista, restando
sólo el pequeño reducto de la Turbera, cuya conservación resulta en cualquier caso inexcusable.
Existe una curiosa coincidencia entre este “olvido” y la aprobación por el Ayuntamiento de
Canfranc de un nuevo planeamiento urbanístico que retira la anterior protección especial de estos
valles, permitiendo actuaciones de construcción y urbanización, pese a continuar siendo suelo
no urbanizable. Este acuerdo municipal fue objeto de recurso contencioso administrativo por
Ecologistas en Acción que finalmente fue desestimado por cuestiones formales sin que llegara a
pronunciarse el Tribunal sobre el fondo de la cuestión.


Después vendría la brutal intervención en Espelunciecha, ampliación de Formigal en el
término municipal de Sallent de Gállego, por la que todavía nadie ha pedido perdón, y como
consecuencia una nueva movilización ciudadana que genera el “Manifiesto por las Montañas de
Aragón, Alternativa Blanca” y numerosos actos de protesta así como rigurosos debates sobre la
conservación de nuestras montañas pirenaicas. Para contribuir a ellos, la Federación Aragonesa de
Montañismo aprobó en octubre de 2003 ratificar el “Manifiesto del Anayet” de 1999 y solicitar de
nuevo la declaración del Parque Natural del Anayet y la realización de un Plan de Ordenación de
los Recursos Naturales (PORN) en la zona. A su vez la Coordinadora de Defensa de las Montañas
impulsó en 2005 una Iniciativa Legislativa Popular para la protección de la Alta Montaña,
recogiendo treinta mil firmas de ciudadanos aragoneses, el doble de las necesarias, pese a lo cual
las Cortes de Aragón, en una decisión sin precedentes, acordaron no admitir a trámite el proyecto
legislativo.

Por fin en noviembre de 2006 se inicia el trámite del Plan de Ordenación solicitado por la
Federación de Montaña, sin que hasta la fecha se haya resuelto sobre el mismo. Este Plan abarca
también otros territorios en el valle de Tena, La Partacua, y en el valle de Acumuer, Bucuesa,
así como la Canal de Ip en el valle de Canfranc, a pesar de que sobre esos espacios no existen
amenazas previsibles, y sin embargo el Plan parece estar paralizado seis años después de iniciada su
tramitación sin que nadie explique los motivos.

Podría preguntarse para qué sirve un Parque Natural y por qué en este lugar y podrían darse
muchas respuestas. En general se suele aludir a la representatividad de sus ecosistemas, a la
singularidad de sus paisajes y a la riqueza de su diversidad biológica, además de a razones
legales y convencionales. Pero más allá de estos argumentos hay que preguntarse si vale la pena
conservar la naturaleza y si al proteger un espacio natural es posible atender a los intereses de los
ciudadanos que viven allí, sea del turismo, de la ganadería o de otras actividades, y los intereses
de los ciudadanos que no viven allí pero son usuarios actuales o potenciales del espacio natural.
Hoy se acepta que los parques naturales contribuyen al desarrollo de las poblaciones de su entorno.
Considerados como infraestructuras, no en vano se habla de “redes”, requieren comparativamente
inversiones menores que otros proyectos públicos o privados; frente a la concentración
característica de otro tipo de actuaciones, los parques naturales potencian un equipamiento difuso,
favorecen el desarrollo de empresas locales y generan una actividad turística no estacional,
compatible con otras actividades económicas y con la puesta en valor del patrimonio cultural y
natural. En Aragón los ejemplos de Guara, Ordesa, Posets-Maladeta y también el Moncayo, son
bastante ilustrativos a este respecto.

Por lo demás la protección del Anayet no era ya en 1999 una cuestión nueva. El antiguo Instituto
Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) ya había incluído este espacio en el
Inventario Abierto de Espacios Naturales en 1974. Y el Gobierno de Aragón, en 1989, al realizar el
inventario llamado Red de Espacios Naturales Protegidos de Aragón (RENPA) lo catalogó en parte
como reserva natural dirigida y en parte como reserva natural integral, figurando en una revisión
posterior de 1991, por adaptación legal, como parque natural. Destacan las fichas de la RENPA la
singularidad paisajística de sus valles de origen glaciar con modelado típico en “U” y el cromatismo
de las arcillas rojas del permotrías, además de su vegetación característica de alta montaña y su
fauna singular, coincidiendo en parte el espacio con la antigua reserva de caza del Anayet; de la
turbera se destaca su gran interés ecológico y científico por ser la base de estudios polínicos y
paleoclimáticos, su interés botánico por su vegetación fontinal y el valor de su paisaje circundante.
La Reserva de Caza es más antigua, data de 1952 y esto es importante porque las primeras reservas
nacionales de caza se declararon en 1966, lo que demuestra la importancia faunística de este
espacio. La reserva estuvo vigente, con prohibición absoluta de cazar, hasta 1990, año en que la
parte de Canfranc se integra en la reserva nacional de “Los Valles”, y la parte de Sallent en la de
de “Viñamala”.

Al igual que Izas también Canal Roya tuvo su proyecto de estación de esquí, rodeado de polémica
que se reflejó en la prensa local en los años 1975 y 1976, lo que motivó el posicionamiento público
de Montañeros de Aragón. La propuesta de esta veterana sociedad deportiva, calificada por algunos
de tibia, fue que la urbanización se realizase en Canfranc-Estación y que no se construyesen
remontes mecánicos, ni carretera ni aparcamientos en la Canal Roya, habida cuenta que ya se
estaba deasrrollando una estación en la vecina Canal de Astún. Por su parte, el montañero y
conservacionista Juan Daniel San Pío, buen conocedor del territorio, escribía que Canal Roya
no es terreno en absoluto para pistas de esquí, pues su parte izquierda presenta unas laderas muy
empinadas, con aludes fuertes y frecuentes en invierno, y la ladera derecha también presenta
un fuerte riesgo de aludes. Mucho más adelante, el equipo científico encargado de asesorar a la
Candidatura Olímpica de Jaca 1998 también aconsejaría preservar y no intervenir en la Canal Roya.
Hay razones para un cambio de rumbo. La última, por ahora, viene del mundo del deporte. El
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Consejo Superior de Deportes auspicia actualmente la Carta Verde del Deporte Español como
definición de los principios de sostenibilidad que deben regir en la actividad deportiva. En ella
leemos que: “El mundo del deporte (…) se identifica como uno de los agentes culturales con
mayor interés en la protección de la naturaleza, y se compromete a compatibilizar las actividades
deportivas (…) con la mayor preservación posible de dicho capital natural y la minimización de
impactos ambientales, siendo necesario fomentar y promocionar los valores y beneficios de los
ecosistemas y la biodiversidad.”



Zaragoza, 25 de abril de 2012

Gonzalo Albasini Legaz